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Lección # 20- EL MUNDO DEL FUTURO Indice
INTRODUCCIÓN Una niñita paseaba cierta noche, tomada de la mano de su padre. Al mirar al cielo cuajado de estre-llas, suspiró y dijo: —¡Qué hermoso ha de ser estar en el cielo! Su padre la miró y le preguntó: —¿Por qué dices eso? —¡Es tan linda la luz que pasa por las rendijas!—contestó la niña. Sin duda el cielo, morada de Dios, debe ser sublime, porque todo lo que Dios creó revela el toque del Artista supremo. Nuestra tierra, mancillada ahora por el pecado, fue antes un lugar her-moso. La Biblia nos dice cuán bella era al salir de las manos del Creador. El mismo, al considerar su obra, vio con satisfacción que era buena "en gran manera" (Génesis 1:31 ). Pero con el transcurso del tiempo, la humanidad y su mora-da experimentaron la influencia mortal del pecado. El hombre degeneró más y más. Esa degradación se ha generalizado tanto, que hoy nuestro mundo se acerca al momento de su destrucción. El profeta Isaías, al meditar en ella, dice que "la tierra se envejecerá como ropa de vestir" (Isaías 51 :6). En lecciones anteriores hemos visto que los justos
volverán a la sierra purificada por el fuego de Dios. Los planes de Dios nunca fracasan. A la vista parecerá que sus planes sufren tropiezo o postergación, pero finalmente el Señor cumple sus designios de acuerdo con sus previsiones. Por eso sabemos que la creación recobrará un día su belleza primi-tiva. El profeta declara: "Porque así dijo Jehová,
que creó los cielos; Llegará el momento glorioso cuando Dios devolverá a la fami-lia humana todo lo que el pecado le quitó. Esta es su promesa: "Y vi un cielo nuevo, y
una tierra nueva; porque En la Nueva Tierra morará la justicia, porque el pecado habrá sido desterrado pare siempre. Dios nos promete que nunca más volverá a levantarse. "El hará destrucción
completa; no se levantara Destruidos el pecado y los pecadores, Dios creará un cielo nuevo y una tierra nueva. Es imposible imaginar siquiera cómo será la vida en la gloriosa patria de los redimidos. Escuche-mos a San Pablo, quien a su vez cita al profeta Isaías: "Antes, como está
escrito: Cosas que ojo no No obstante, la Palabra de Dios nos
permite tener algunas vislumbres de la vida venidera, de la cual podremos participar si le
entregamos plenamente nuestro ser al Señor. Para responder a esta pregunta, la Palabra de Dios nos presenta a Jesús después de su resurrección. "Muy amados, ahora somos
hijos de Dios, ¿En qué condición salió el Señor de la tumba de José de Arimatea? "Luego dice a Tomás: Pon
tu dedo aquí, "Y aconteció, que estando
sentado con ellos Estos textos indican claramen-te que los discípulos vieron un ser real en la persona de su Señor resucitado. Lo tocaron. Poseía verdaderamente un cuerpo. Era un ser material. Participo de sus alimentos. Y, sin embargo, tenía un poder espiritual que ellos no podían comprender. Su cuerpo resucitado estaba dotado de la naturaleza espiritual que también será la de ellos cuando el Señor regrese en gloria. Como nosotros nunca hemos visto una persona resucitada, nos preguntamos cómo será el cuerpo de los justos cuando se produzca la resurrección. San Juan dice: "Seremos semejantes a él". San Pablo recurre a compa-raciones para apodarnos a com-prender. Nos recuerda que la carne de los hombres, los anima-les, las aves y los peces difiere una de otra. Nos señala la dife-rencia que hay entre el sol, la luna y las estrellas. El cuerpo glorificado que recibiremos al resucitar, también será diferente del actual. Entonces, si somos fieles, seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos (1 Corintios 15:51, 52). Nos dice que en esta vida poseemos cuerpos corruptibles. Son cuerpos enfermizos, debili-tados por el pecado. Luego describe la naturaleza de la cual seremos dotados si resucitamos con los justos. Nuestro cuerpo no tendrá más huellas de enfer-medad y pecado. Antes de que el Señor vuelva para llevarnos consigo, habremos vencido para siempre el pecado, por la gracia de Dios. Ya no ostentaremos el estigma dei mal. El pecado será cosa del pasado. Nuestra vieja naturaleza pecami-nosa habrá d esa parecido. La envidia, los celos, el temor, el odio y todas las malas tendencias habrán quedado definitivamente vencidas. En su lugar, el amor, el gozo, la paz y todo lo bueno serán nuestra herencia eterna, porque en esta vida habremos cultivado ya esas virtudes. La transformación súbita que se produce al aparecer nuestro Señor sellará nuestro carácter. Nuestra tendencia natural hacia el mal desaparecerá ante el total predominio de lo bueno de nuestra naturaleza espiritual. Nuestros cuerpos serán tan reales enton-ces como lo son ahora. Pero habrán sido liberados para siempre del pecado, la enfermedad, el sufrimiento y la muerte. Ten-dremos cuerpo, pero, como dice la Palabra, será un cuerpo transformado. "Se siembra en vergüenza,
se levantará La muerte ya no vencerá a los redimidos de Dios. Recibirán entonces cuerpos inmortales. "Mas nuestra vivienda
está en los cielos; ¿Qué diríamos si al despertar-nos
mañana notáramos que no tenemos más imperfecciones físi-cas, ni enfermedades, ni
debilidad, y nuestro mal carácter está reemplazado por el amor y el gozo más completo?
Tendríamos entonces la seguri-dad de que el pecado ya no ejerce dominio sobre nosotros.
Eso es lo que ocurrirá cuando los muertos resuciten y sean transformados. Tal era la
esperanza de Job: Isaías el profeta, declara: "Tus muertos vivirán,
junto con mi Recomendamos la lectura del capitulo 37 del libro de Ezequiel, pues en él se describe la resurrección. San Pablo también refiere a ese acontecimiento: "Porque sabemos que todas
las criaturas Nuestros cuerpos serán redimi-dos y volveremos a tener en nosotros la imagen de Dios como cuando el mundo fue creado. ¿Reconoceremos en el cielo a los amigos que tuvimos aquí en la tierra? Los amigos del Señor Jesús lo reconocieron inmediatamente después de su resurrec-ción. Si, en la vida nueva nos reconoceremos, y nos comprenderemos mejor que aquí en esta tierra. "Ahora vemos por espejo,
en obscuridad; ¡Cuán bienaventurada es la esperanza
del cristiano! ¡Poseer vida eterna en Cristo Jesús; en
compañía de viejos y nobles amigos que conocimos en la tierra, a quienes reconoceremos y
por quienes seremos reconocidos! El cielo será un lugar tanto más agradable por el hecho
de que el Señor nos dará la dicha de vivir con los miembros de nuestra familia. Una
alegría perfecta en compañía de Jesús, de los miembros de nuestra familia y de los
amigos que siguieron al Señor es el destino que aguarda a los redimidos. ¿ES LA TIERRA NUEVA UN LUGAR REAL? La Palabra de Dios enseña, sin que quepa la menor dude, que ten-dremos cuerpos materiales pero dotados de una naturaleza espiritual. Al recibir cuerpos nuevos, recibiremos como herencia este mundo renovado. "Y edificarán casas, y
morarán en ellas; Los pasajes que anteceden y muchos más, dejan establecido que la Tierra Nueva será un lugar con realidad fisica. Construiremos casas, viviremos en ellas y seremos felices eternamente. Ya no nos eremos despojados, ni tendremos que pagar alquiler o hipotecas. La Tierra Nueva será un lugar de delicias. En ella gozaremos de seguridad perfecta. Los temores que envenenan nuestra vida hoy, desaparecerán para siempre. Además el conocimiento perfecto de Dios henchirá nuestro corazón. Todos adoraremos a Dios en perfecta unidad de fe y de espíritu, porque veremos al Señor Jesús cara a cara. "Y no enseñará más
ninguno a su prójimo, "Porque como los cielos
nuevos y la nueva Cada sábado honraremos a nuestro Creador y a nuestro Re-dentor, al Padre y al Hijo. Juntos nos congregaremos en derredor del trono de Dios para adorar a Aquel que nos amó tanto que dio a su Hijo unigénito para sa-vación de todos los que creen en él (San Juan 3:16). Comeremos del árbol de la vida, que crecerá cerca de las aguas cristalinas del río que brota del trono de Dios, en el centro de la gloriosa capital, la Nueva Jerusalén. Seremos huéspedes eternos en la mansión del Padre. "Entonces se cumplirá
plenamente la oración Tal será la vida eterna en la ciudad de Dios. Esa ciudad será un lugar construido por el Arquitecto del universo, para dicha de sus hijos. "Porque esperaba ciudad
con fundamentos, "Esa ciudad descenderá
del cielo y llegará a El capitulo 21 de Apocalipsis describe la magnificencia de la capital del futuro. En el capitulo 22 del mismo libro se nos dice: "Después me mostró un
río limpio de agua La admiración y el asombro nos dominan cuando visitamos las grandes ciudades del mundo actual, con sus rascacielos, sus ferrocarriles subterráneos, sus luces deslumbrantes. Pero nuestro mundo con todas sus maravillas queda reducido a la nada frente a las bellezas de la ciudad de Dios y del mundo del mañana. Con frecuencia contemplamos el paisaje que nos rodea. A pesar de las manchas del pecado, aún su menguada belleza nos habla del poder de Dios. Pero esas manchas no existirán en el mundo mejor. "Alegrarse han el desierto
y la soledad; Muchas veces hemos visto gra-bados que representan a un niño conduciendo a un león, junta-mente con un cordero, un lobo y un ternero. El artista se ha inspi-rado en la siguiente promesa: "Morará el lobo con el
cordero, y el tigre Hoy ponemos a muchos animales tras sólidos barrotes de hierro, pero en la tierra nueva tal precaución será completamente innecesaria. Los animales también estarán libres del pecado. Las flores perfumarán los antiguos desiertos. En lugar de espinas y zarzas, símbolos del pecado, habrá árboles de belleza perdurable. Ningún defecto se hallará en la vista de los que fueron ciegos, ni en el oído de los que antes fueron sordos. Ningún peligro oculto sorprenderá a los Hijos de Dios. "Toda facultad será desarrollada, toda capacidad aumentada. La adquisición de conocimientos no cansará la inteligencia ni agotará las energías. Las mayores empresas podrán llevarse a cabo, podrán satisfacerse las aspiraciones más sublimes, realizarse las más encumbradas ambiciones; y sin embargo surgirán nuevas alturas que superar, nuevas maravillas que admirar, nuevas verdades que comprender, nuevos objetos que agucen las facultades del espíritu, del alma y del cuerpo. "Todos los tesoros del universo se
ofrecerán al estudio de los redimidos de Dios...Con indes-criptible dicha los hijos de la
sierra participarán del gozo y la sabiduría de los seres que no cayeron" (Elena G.
de White, El Conflicto de /os Siglos, pág. 736). ¿CÓMO PODEMOS ASEGURARNOS UN LUGAR ALLÍ? Hay un camino que lleva a la ciudad de Dios. Se nos habla de él en ambos Testa-mentos de la Sagrada Escritura. "Y habrá allí calzada y
camino, y será llamado Esta vía santa nos lleva a la Nueva Jerusalén. Nuestro Señor le dio otro nombre: "Porque estrecha es la
puerta, y angosto el Un día alguien le preguntó al famoso escritor Mark Twain: "¿Quiénes, a su parecer, irán al cielo?" Reflexionó un momento y contestó: "Supongo que serán los que se sientan en casa cuando lleguen allí". Excelente respuesta. ¿Se sentirá allí en casa el esclavo de los juegos de azar sin su mesa de juego? ¿Estará contento el beodo en un lugar donde las bebidas alcohólicas no existen? ¿Qué hará el iracundo entre la gente que no tome el nombre de Dios en vano ni se enoja? Desde ahora debemos cultivar gustos y tendencias que correspondan al cielo, si es que queremos vivir allí. "Bienaventurados los de
limpio corazón: Hablando de la tierra nueva, San Pedro dice: "Por lo cual, oh amados,
estando en esperanza Sabemos que nuestro Señor volverá pronto. Todo lo que sucede hoy en el mundo nos lo dice. Sabiéndolo, ¡cuán importante es que nos preparemos pare reflejar en nuestro carácter las cualidades de los moradores de la Tierra Nueva! Al asegurar-nos San Juan que seremos semejantes a nuestro Señor cuando venga, afirma: "Cualquiera que tiene esta
esperanza en él, se El versículo siguiente nos lleva aún más lejos al decirnos que el pecado es iniquidad y transgresión de la ley de Dios. San Juan nos enseña que sólo el Señor Jesucristo puede eliminar el pecado que nos mantiene cautivos. Sólo él puede purificarnos y hacernos dignos de un lugar en el cielo. Unicamente los que vivan la vida de Cristo podrán verse libres del pecado (1 San Juan 3:4-6). "No entrará en ella
ninguna cosa sucia, o El cielo será la morada de los que entren por la puerta estrecha y obedezcan plenamente la voluntad de Dios. Entrarán allí únicamente aquellos cuyo carácter haya sido probado. Nuestro Señor nos indicó la condición de entrada: "Si quieres entrar en la
vida, El nombre de nuestro Señor Jesucristo es el pasaporte que nos permitirá entrar por las puertas de perla en la ciudad eterna. ¿Atestigua nuestra manera de vivir que llevamos dignamente su nombre? Apreciado estudiante de la Santa Palabra, el mundo del mañana no puede ser superado en belleza y perfección. Los cuadros más radiantes que podamos pintar de la Nueva Jerusalén quedan muy por debajo de la realidad. Es por esto que hemos llama-do a nuestro programa radial La Voz de la Esperanza. Queremos que en el corazón de cada uno de nuestros oyentes se anide la esperanza de este mundo mejor. ¿No desea usted prometer
ahora mismo a su Salvador que se preparará a fin de poder salu-darlo cuando despunte la
gran aurora? |