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Lecion # 17- ¿MIL AÑOS DE PAZ? Indice
INTRODUCCIÓN ¡Cuán maravilloso es saber que Dios pondrá fin al pecado, las luchas y las guerras, es decir, a todo lo que hace sufrir! Apreciado amigo, estas lecciones nos enseñan que Dios tiene en reserva, para el futuro, días muy felices para sus hijos. El sagrado Libro nos dice lo que sucederá cuando regrese nuestro Señor. Aparecerá nuestro Señor Jesús en las nubes del cielo, como Rey de reyes, acompañado de su. santos ángeles. "Y los ejércitos que
están en el cielo le seguían El profeta Jeremías añade: "Llegó el estruendo hasta
el cabo de la tierra; Aquí se describe el momento cuando Dios destruirá a los impíos y el actual orden de cosas, con el consiguiente cuadro de completa desolación. En Daniel 2:34, 35 se compara el establecimiento del reino de Cristo con una piedra desprendida, "no con mano", que pulveriza todos los reinos de la tierra. Las naciones concluirán con la caída de esa piedra, que es nuestro Señor Jesucristo, la Roca de la eternidad. El profeta a su vez nos dice que en esa ocasión los muertos de Jehová cubrirán la tierra. San Juan, por su parte, describe de este modo el terror de los impíos: "Y el cielo se apartó
como un libro que es envuelto; Los impíos no desean ver a Dios porque no le aman. Por lo demás, tampoco estarían en con-diciones para verlo. Suplican entonces a los montes y a las rocas que los oculten de la faz divina. San Pablo afirma que esas multitudes serán condenadas porque '`no creyeron a la verdad, antes consintieron a la iniquidad" (2 Tesalonicenses 2:12). Cuando nuestro Señor regrese, nuestro mundo será conmovido hasta los cimientos. Al respecto, San Juan declara: "Entonces fueron hechos
relámpagos y voces y truenos; Nadie puede imaginar lo que ocurrirá cuando las montañas desaparezcan; cuando el embravecido mar devora islas enteras. Dios destruirá los valles y ciudades de la tierra. ¿Podemos concebir semejante cataclismo? ¿Podemos vislumbrar lo que será ese desquicio de la naturaleza? Leamos lo que dice la Palabra de Dios: "Porque hará
estremecer los cielos, y la tierra se El mismo profeta describe en estos términos el caos que seguirá: "He aquí que Jehova
vacía la tierra, y la desnuda, y Como consecuencia de todo esto, la tierra se verá privada de la luz del sol Isaías nos dice que nuestro planeta será desviado de su órbita. Otra profecía añade: "Dad gloria a Jehová Dios
vuestro, antes que haga venir De manera que la tierra se transformará en un caos inhabi-table. Ya no brillará el sol. No podrá haber vida humana El profeta Isaías agrega: "Jehová está airado
sobre todas las gentes, e irritado Dios fue paciente con la humanidad belicosa, durante sus siglos de guerra, odios y derramamiento de sangre, y hoy espera que responda a la invitación del Príncipe de paz Pero cuando los hombres hayan hecho su decisión final y se rebelen definitivamente contra el Creador, él ya no podrá soportar más la violencia y vendrá a librar de ella a sus hijos. "Porque es día de
venganza de Jehová, Los malos no podrán hacer frente a Dios entonces. El profeta Jeremías dice que nuestro planeta será sacudido por continuos terremotos Isaías afirma que la tierra se tambaleará como un borracho (Isaías 24:20). Evidentemente la humanidad no podrá sobrevivir a este cataclismo, que es consecuencia de su rebelión contra el Creador. Leamos lo que dice el profeta de esos momentos terribles: "Miré, y no se veía un
hombre" "He aquí el día de
Jehová viene, crudo, y de saña y Un pasaje tras otro nos enseña que no
habrá más vida humana en la tierra después del regreso de Cristo Nuestro planeta será
absolutamente inhabitable en ese tiempo. Si los malos no pueden subsistir en tales condiciones, ¿será nuestra tierra un lugar habitable pare los redimidos? La lógica nos dice que un planeta sacudido hasta sus cimientos y privado de la luz del sol no puede ser habitado por nadie Por otra parte, eso también lo dice la Palabra de Dios Cuando Cristo vuelva, será para reunir a "sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro" (San Mateo 24:31) y llevarlos al cielo El apóstol San Pablo nos dice: "Tampoco, hermanos,
queremos que ignoréis acerca ¡Qué admirable será el regreso del
Señor con sus ángeles! No será una cosa secreta. Será un espectáculo majestuoso que
todos verán. Los impíos no podrán soportar su resplandor Para no verlo, suplicarán a
las montañas que caigan sobre ellos Sólo los justos sobrevivirán No morirán; serán
salvados de, espantoso cataclismo que sobre-vendrá Serán llevados por los ángeles al
encuentro del Señor en los aires. ¿QUÉ SUCEDE CON LOS JUSTOS QUE DUERMEN? Los justos que "duermen en Jesús" no quedarán en la tumba mientras los que estaban vivos al venir el Señor gozan de la presencia del Salvador en el cielo Escuchemos la promesa del Santo Libro: "He aquí, os digo un
misterio. Todos ciertamente Los seres amados que la muerte nos quitó saldrán de la tumba revestidos de inmortalidad. En la primera epístola a los Tesalonicenses, capítulo 4, se nos dice que la ascensión de los justos vivos no impedirá que los justos muertos salgan de sus tumbas. ¡Qué glorioso será cuando, liberados definitivamente del mal, estemos para siempre junto al Salvador!. El llama a ese despertar de los justos muertos la "resurrección de vida" (San Juan 5:29). La Palabra de Dios dice claramente que saldrán de sus tumbas y se unirán a los justos que no murieron y con ellos irán al cielo. Allá moraremos, porque la tierra quedará inhabitable durante mil años. ¿Qué harán los justos mientras estén en el cielo? He aqui la respuesta que nos da San Juan: "Y vi tronos, y se
sentaron sobre ellos, y les fue dado Veamos ahora cuál será la suerte del diablo y de sus
ángeles al concluir el drama de los siglos. Imaginemos a ese espíritu poderoso y maléfico, solitario en medio de la tierra en ruinas, sin un solo ser sobre el cual ejercer influencia. Todos los impíos habrán muerto, y todos los salvados estarán en el cielo. Satanás no tendrá nada que hacer. Tendrá mil años de inactividad, totalmente aislado. "Y vi un ángel descender
del cielo, que tenia la llave del ¿Quién podrá encadenarlo? Sólo puede hacerlo Aquel contra quien guerrea desde hace tanto tiempo, a saber, nuestro Señor Jesucristo. En efecto, cuando regrese el Salvador, los impíos serán destruidos. Los hijos de Dios irán al cielo. Satanás y sus ángeles permanecerán en la tierra desolada para reflexionar acerca del mal que hicieron o provocaron a través de los siglos. La tierra entenebrecida será su cárcel, su cadena; no podrán tentar a nadie. ¡Qué tormento será para estos espíritus activos el tener que errar en las tinieblas, con sólo el recuerdo de sus males acciones y la certeza de su pronta destrucción! El pecado de Lucifer comenzó en el cielo, y su primer resultado fue que tuvo que alejarse de la presencia de Dios. Al venir a esta tierra le arrebató su dominio al hombre. Pero vino Jesucristo, vivió sin pecado y murió en la cruz, para devolver al hombre su dominio perdido. Le permitió así liberarse del príncipe de las tinie-blas. Según Apocalipsis 12:10, Satanás perdió la segunda batalla con su Creador en la cumbre del Gólgota. Pero por fin llega la última fase de
su larga lucha contra Dios. Está encarcelado y encadenado en un mundo vacío, silencioso
y solitario. No puede tentar a los muertos. No puede engañar a nadie. ¡Se halla en su
horrenda celda de condenado a muerte! Sólo puede ver, con plena certeza, que pronto será
borrado de la existencia. ¿QUEDARÁ LIBRE DE SUS CADENAS? Si, se verá libre por un breve tiempo, según acabamos de leer. Al concluir los mil años de encadenamiento, todos los impíos muertos resucitarán, incluso los que murieron con el resplandor de la venida de Jesús. Leamos la profecía: "Y serán encerrados,
presos en la mazmorra, encarcelados "Porque así dice Jehova:
toda la tierra será hecha una Y el apóstol San Juan complete el cuadro: "Mas los otros muertos no
tornaron a vivir hasta que Satanás ha quedado encadenado por la muerte de todos sus súbditos y la ascensión de los justos. La suya es una cadena de circunstancias que le impedía ejercer su funesta obra. Ahora, cumplidos los mil años, puede ser suelto de ella por la resurrección de sus súbditos. "Los otros" muertos, o sea los impíos, sólo volverán a vivir al terminar los mil años. En efecto la Palabra de Dios enseña que hay dos resurrecciones generales: "No os maravilléis de
esto; porque vendrá hora La primera resurrección, que se llama aquí resurrección de vida, se produce cuando nuestro Señor vuelve (Apocalipsis 20:5). Mil años más tarde, el Hijo de Dios retornará a la tierra con todos los suyos. En ese momento resucitarán los réprobos para comparecer en juicio delante de Dios. Hablando de esa ocasión el profeta declara: "Y se afirmarán sus pies
en aquel día sobre el monte Cuando vuelva a la tierra, una vez terminados los mil años, nuestro Señor vendrá acompañado por los redimidos de todas las edades. Descenderá sobre el Monte de las Olivas, de donde regreso al cielo después de su muerte y resurrección. Un gran terremoto partirá en dos la montaña y se formará una inmensa llanura donde se asen-tarán los fundamentos eternos de la Nueva Jerusalén. Al respecto San Juan dice: "Y vi un cielo nuevo, y
una tierra nueva: porque el Cuando Satanás y todos los impíos resucitados vean descender la maravillosa Jerusalén, habitada por seres sin armas y sin pecado, decidirán tomar por asalto la santa ciudad. Satanás les hará creer que, siendo su número mayor que el de los habitantes de la ciudad, la victo-ria será segura. Luego los reunirá para combatir contra la ciudad de Dios. "Y saldrá para engañar
las naciones que están sobre Rodean la ciudad y se preparan para ocuparla con el fin de hacerla su capital. Entonces cae sobre ellos el juicio final de Dios. Empleando un lenguaje sencillo pero gráfico, nuestro Señor describió la escena en la parábola de la cizaña: "Enviará el Hijo del
Hombre sus ángeles, y juntarán de San Juan agrega más detalles: "Y subieron sobre la
anchura de la tierra, y circundaron el Así concluirá el gran conflicto entre
Cristo y Satanás, reñido a través de los largos siglos de la historia de nuestra
tierra. Imagine usted, apreciado amigo, diez siglos de silencio, mil años durante los
cuales la vieja tierra descansará de las malas acciones cometidas por los peca-dores. No
habrá una sola guerra durante ese tiempo; tampoco habrá seres humanos vivos en la
tierra, ya que los impíos estarán muertos y los justos se hallarán en el cielo.
Satanás, pues, se en-contrará solo con sus ángeles malos en la tierra vacía que será
para ellos como una cárcel. Allí verán las consecuencias finales del pecado: caos,
ruina y muerte. ¡Diez siglos de silencio! Luego será la resurrección de los impíos y
el descenso de la santa ciudad. Entonces caerá fuego del cielo para destruir el pecado y
los pecadores. Pero, ¿no hubiera sido bueno darles una segunda oportunidad? No, no la
necesitan. Su resolución de combatir después de haber resucitado basta para probar que
una nueva oportunidad sería inútil. Toman su decisión antes de ser destruidos. Están
irremediablemente perdidos. Su fin, y el de todas las obras malas que hayan cometido,
será la destrucción total. En la época de Noé nuestro mundo fue destruido por las aguas del diluvio. Esta vez lo será por el fuego purificador del Dios eterno. El Creador del uni-verso quiere un mundo limpio, sin pecado. Su propósito es quitar todo rastro de mal, y de las cenizas que produzca el fuego purificador surgirá un mundo nuevo. "Mas el día del Señor
vendrá como ladrón en la noche; Entonces Dios hablará, y surgirá una creación nueva y santa: "Y vi un cielo nuevo, y
una tierra nueva: porque el primer La Palabra de Dios nos descri-be las maravillas del mundo nuevo que Dios va a crear. Se nos cuenta que a veces, en el Africa, los monos dejan la selva para ir a hurtar las cosechas de los agricultores. Estos secan calabazas y les hacen un agujero que les permite a los monos introducir la mano abierta. Llenan de arroz las calabazas, las atan a un poste, y los monos ladrones meten la mano, toman un puñado y tratan de sacarla. Pero como apenas había lugar para la mano abierta, no la pueden sacar estando cerrada. Y son tan insensatos que se niegan a dejar el arroz, a pesar de ver a los que vienen a matarlos. ¡Prefie-ren morir antes que renunciar a su puñado de arroz! ¡Pobres infelices! Pero, ¿somos nosotros mas sabios que ellos cuando nos aferramos a pecados que nos destruirán finalmente si no los abandonamos? Nadie necesita ser destruido en el lago de fuego. Sólo perecerán allí los que hayan preferido aferrarse al pecado en vez de huir de él y buscar refugio en los brazos protectores de Dios. Apreciado amigo, ¿está
usted permitiendo que algún pecado conocido lo prive de la vida eterna? ¿Dónde se
propone usted pasar el milenio? ¿En el silencio de la tumba durante diez siglos, para
contarse luego entre los réprobos, o entre los redimidos? |