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Lección # 5- EL ORIGEN DEL DOLOR Indice
INTRODUCCIÓN Una de las maravillas de nuestros días la constituyen los robots industriales, esas comple-jísimas herramientas que son capaces de armar automóviles, soldar tableros completos de circuitos electrónicos y realizar difíciles análisis de laboratorio, sin que los toquen manos humanas. Es evidente que estas asombrosas herramientas auto-máticas no podrían hacer todo esto si no hubiese detrás de ellas inteligencias invisibles, que pro-gramaran las computadoras que las dirigen. Así también, en el mundo en que vivimos, personas que por muchos años hemos considera-do buenos vecinos, de pronto cometen actos terribles, sin que podamos explicarnos por qué, a no ser que admitamos la existen-cia de una fuerza oculta que los ha impulsado a hacerlo. El mundo se ve acosado por trage-dias que superan la imaginación. ¿Cómo suceden tales cosas? ¿Por qué? La Palabra de Dios nos revela claramente que una inteligencia maestra, invisible para los ojos humanos, origina los odios, las rencillas, los críme-nes, las guerras, y todos los pecados. Esa inteligencia es el diablo, o Satanás. El Nuevo Testamento lo men-ciona 71 veces. Todo el que acepte la Palabra de Dios debe creer que este ser existe, porque ella enseña su existencia, y nuestro Señor Jesucristo lo confirma. Leamos: “Y les dijo: Yo veía a
Satanás, “Y fue hecha una gran
batalla en el Todo lo que Dios hace es perfecto. Por
consiguiente, no creó al diablo tal como es hoy. Sin embargo, “Hijo del hombre, levanta
endechas sobre el Bajo el símbolo del "rey de Tiro" se presenta a este ángel poderoso. Se dice que fue "per-fecto" "desde el día" en que fue "creado" hasta que en él se halló . . . "maldad". Quiere decir que en determinado momento de su existencia Satanás era un ángel del cielo, perfecto, dotado de gran hermosura y de mucha sabiduría. Originalmente no era el diablo. Y, sin embargo, hoy lo es, y es, además, el enemigo mortal de Dios y del hombre. El profeta Isaías nos da infor-mación acerca del autor del pecado: “¡Cómo caíste del
cielo, oh Lucero, hijo de En compañía de su Hijo Jesús, el Padre creó todas las cosas y a todos los seres celestiales, inclusive a Lucifer, nombre que significa "hijo de la mañana". Pero éste fue seducido por su propia belleza (Ezequiel 28:17). Y deseó ser igual a Dios. El pecado no tiene razón de ser.
Lucifer ocupaba el puesto más encumbrado en el Universo después del Hijo de Dios. Pero
el “Enaltecióse tu corazón
a cause de tu hermosura, Entre Miguel el arcángel, es decir, Nuestro Señor Jesucristo, y Lucifer se entabló una lucha que aún no ha terminado. Lucifer originó la rebelión, la cual pro-sigue fuera del cielo y está loca-lizada en nuestro planeta. El autor del pecado tentó e hizo caer
a nuestros primeros padres aquí en la tierra, y les arrebató su dominio y libertad.
Conocemos la historia. El capítulo tres de Génesis explica cómo sucedió. Desde
entonces el diablo ha sometido a sus tenta-ciones a la familia humana. Jesús, el Hijo de
Dios, quien había vencido al usurpador cuando éste fue expulsado dei cielo, descendió a
la tierra y asumió "forma de siervo" a fin de poner de nuevo nuestro planeta
bajo el dominio de Dios y, sobre todo, librar a los hombres de las garras del maligno.
¿POR QUÉ NO DESTRUYÓ DIOS AL DIABLO DESDE EL COMIENZO? Al principio no se conocía el pecado. La creación de Dios era perfecta. Cuando en la mente de Satanás surgió el deseo de que él podía ser semejante al Altísimo (Isaías 14:12-14), y luego cuando afirmó a nuestros primeros padres que comiendo de la fruta prohibida, es decir, desobede-ciendo a Dios "serán abiertos vuestros ojos y seréis como dioses" (Génesis 3:5), dio origen a la filosofía atea de que el hombre puede vivir sin Dios. En la profecía de Apocalipsis 12:4 se nos dice que el dragón, símbolo de Satanás, arrastró una tercera parte de las estrellas (ángeles) y todos fueron arrojados en tierra. “Y fue lanzado fuera aquel
gran dragón, la serpiente Satanás es el engañador por excelencia. Hasta el momento en que se rebeló contra Dios, no se conocía la mentira. Naturalmente, cuando ese ángel poderoso comenzó a mentir y a engañar, los ángeles no podían comprender lo que sucedía. De igual manera Satanás levantó en la tierra un falso concepto de Dios. “El, homicida ha sido
desde el principio, y no permaneció No se podía demostrar inme-diatamente el horror del pecado. Había que dar tiempo para que las consecuencias demostrasen su enormidad y la falsedad de las afirmaciones de Satanás. “El ladrón no viene sino
para hurtar, Dios podía declarar que el diablo era todo eso, pero se requería tiempo para compro-barlo. Era necesario demostrar que, si se le presentaba la oca-sión, Satanás trataría de destruir hasta al Creador. Lo hizo cuando impulsó a los perseguidores de nuestro Señor Jesucristo a cla-varlo en la cruz del Calvario. Era necesario que el pecado se mani-festara en toda su fealdad para que un día el mundo quedara libre de él. Entonces los pecado-res y los ángeles admitirían sin vacilación la justicia y el amor de Dios. Esto es exactamente lo que ha sucedido y está sucediendo. “Grandes y
maravillosas son tus obras, “Para que en el Nombre de
Jesús se No hay nada que justifique la presencia del pecado. No tiene excusa. Cuando todo ser inteli-gente, en el cielo y en la tierra, haya comprendido qué es el pecado, y los ángeles caídos, juntamente con los hombres perdidos, hayan confesado su derrota frente a Dios, cuando el diablo y sus obras sean destrui-dos, el pecado jamás volverá a levantar su odiosa cabeza. "¿Qué pensáis contra
Jehova? El hará LA OBRA DE SATANAS ENTRE LOS HOMBRES DE LA TIERRA “Y dijo Jehová a Satán:
¿De dónde vienes? Las actividades de Satanás están limitadas actualmente a este mundo. Hemos leído en la Escritura que fue arrojado a la tierra, que su ira es grande porque ha perdido la guerra, y que se ha ensañado terriblemente con los seres humanos: “Sed templados, y velad;
porque vuestro Juan Sánchez era constructor. Alto y robusto, era un hombre alegre y de buen carácter. Había entre sus obreros uno físicamen-te débil y de temperamento vio-lento, que le ocasionaba bastan-tes molestias. Cierto día éste se portó de manera particularmente grosera y fue despedido. Con el corazón lleno de odio abandonó el trabajo y juró vengarse de Juan. Durante mucho tiempo busco la ocasión de perjudicar a su ex jefe, pero no se atrevía a atacarlo pues sabía que el otro era mucho más fuerte que él. Pero la oportunidad se presentó, en la persona del hijo de Juan, un niñito de seis años. Cierta vez, cuando el niño jugaba cerca del bosque, lo llevó entre los árboles, lo torturó y al fin le dio muerte. El cobarde había volcado, en un niñito que no podía defenderse, el odio que sentía hacia el padre. Del mismo modo, Satanás no es bastante poderoso pare vencer a Dios. Por eso, para vengarse del Padre, ataca a sus hijos. Cuando ve que uno de ellos se aparta del camino recto, aprove-cha para torturarlo y producirle la muerte espiritual si puede. Su propósito es hacer sufrir a Dios y a su Hijo, al destruir a aquellos por quienes el Señor Jesús murió. Leemos en la Santa Palabra cómo procuró el diablo apoderarse de San Pedro: “Simón, Simón, he aquí
Satanás os ha Satanás indujo a Judas a trai-cionar a su Maestro, y luego a suicidarse dominado por la desesperación. En el Evangelio según San Juan, capitulo 10, versículo 10, encontramos que lo que Satanás hace es robar, mentir y matar. ¡Qué contraste con el amor de nuestro Señor, quien desea que todos tengan vida en abundancia! “¡Ay de los moradores de
la tierra y del mar! Satanás aborrece a Dios. Odia a la Iglesia de Cristo, simbolizada en el versículo precedente por una mujer pura, odia a los hijos de Dios y a todo lo bueno. Por esto combate los mandamientos divinos. En el libro de Daniel leemos que perseguiría a los creyentes mediante potencias terrenales e intentaría cambiar "los tiempos y la fe" (Daniel 7:25). Miremos en derredor y veremos con cuánto éxito ha sembrado sus mentiras y maldades. Nuestro Señor enseñó que Satanás aflige despiadadamente a los hombres. Es el acusador de los hermanos y no ama a nadie. Causa torture mental, física y espiritual a todos los que caen bajo su poder. “Y a esta hija de
Abrahán, que he aquí Satanás El diablo sabe que está derrotado cuando ve de rodillas, orando, al más débil de los hijos de Dios. ¡Alabado sea el Señor porque el diablo fue vencido en la cruz del Calvario! La Palabra de Dios nos enseña cómo podemos alejarlo de nuestra vida “Someteos pues a Dios;
resistid al diablo, y Dirá usted: ¿Cómo puedo resistir al diablo? La respuesta es: sólo podrá hacerlo por medio de Aquel que ya lo venció: Nuestro Señor Jesucristo. El dice: “Mas confiad, yo he
vencido al mundo” “Hijitos, vosotros sois de
Dios, y los habéis En el amor de Jesús reside el poder que dominará nuestra naturaleza pecaminosa, por medio de la cual el príncipe de las tinieblas procura hacernos caer. Cuando nos veamos ten-tados, refugiémonos en el Señor Jesucristo. Apoyémonos en esta promesa maravillosa: “Porque vendrá el enemigo
como río, mas el ¿Cómo venceré el pecado en mi vida? “Porque todo aquello que
es nacido de Dios vence Hay poder en el nombre de Jesús. El venció al diablo. También puede tomar posesión de nuestra vida y desterrar de ella el pecado. El es nuestra única esperanza. Nuestra victoria depende de nuestra fe en su poder. Cierto hombre quería librarse del vicio del tabaco. Fue a ver a un buen amigo y le preguntó qué debía hacer si, por no fumar más, caía gravemente enfermo. El amigo le preguntó: ¿Preferíria usted ceder antes que morir? No había pensado en eso. Desde ese instante decidió que era mejor morir victoriosamente antes que vivir como esclavo. Luego pidió a Dios que le ayudara, y obtuvo la victoria. “Ellos le han vencido por
la sangre del Cordero, Nuestro Señor dijo: “Yo he venido para que
tengan vida, Sí, apreciado amigo,
repitá-moslo: hay poder en el nombre del Señor Jesús. Recurra usted a este nombre
admirable en la hora de la tentación. Acuda a Nuestro Señor Jesucristo cuando Satanás
lo asalte. El nombre de Cristo es el santo y seña para obtener la victoria. Y mientras
fijamos nuestra con-fianza en el Salvador, velemos y oremos para que el enemigo de
nuestras almas no pueda influir en nuestra vida.
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